Más de 4.000 niños y niñas liberados de grupos armados en la República Centroafricana gracias a la cooperación española

La República Centroafricana lleva más de doce años inmersa en uno de los conflictos más graves y menos visibilizados del mundo. Una crisis que afecta a 2,4 millones de personas, incluyendo 1,1 millones de niños y niñas. 

Se estima que en 2024 más de 850.000 niños y niñas requerían de protección humanitaria urgente en el país. Con una de las tasas de mortalidad infantil más altas del mundo, cuando los niños y niñas sobreviven su vulnerabilidad toma otro cariz al ser el objetivo fundamental de reclutamiento por parte de los grupos armados que operan en el país.

Se estima que entre 2014 y 2023, más de 18.000 niños fueron asociados a fuerzas armadas en la República Centroafricana. Las razones por las que niños y niñas acaban vinculados a estos grupos son muchas y complejas. 

La pobreza extrema es uno de los factores estructurales más determinantes, pero la falta de alternativas educativas juega también un papel clave. A esto se unen la desestructuración familiar y los desplazamientos prolongados, que dejan a muchos niños y niñas sin la protección adulta necesaria. En casos extremos, las propias familias consienten la vinculación de los menores con grupos armados como estrategia de protección o de acceso a recursos básicos, inaccesibles de otra forma.

© UNICEF/2018/GILBERTSON VII PHOTO

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La República Centroafricana lleva más de doce años inmersa en uno de los conflictos más graves y menos visibilizados del mundo. Una crisis que afecta a 2,4 millones de personas, incluyendo 1,1 millones de niños y niñas. 

Se estima que en 2024 más de 850.000 niños y niñas requerían de protección humanitaria urgente en el país. Con una de las tasas de mortalidad infantil más altas del mundo, cuando los niños y niñas sobreviven su vulnerabilidad toma otro cariz al ser el objetivo fundamental de reclutamiento por parte de los grupos armados que operan en el país.

Se estima que entre 2014 y 2023, más de 18.000 niños fueron asociados a fuerzas armadas en la República Centroafricana. Las razones por las que niños y niñas acaban vinculados a estos grupos son muchas y complejas. 

La pobreza extrema es uno de los factores estructurales más determinantes, pero la falta de alternativas educativas juega también un papel clave. A esto se unen la desestructuración familiar y los desplazamientos prolongados, que dejan a muchos niños y niñas sin la protección adulta necesaria. En casos extremos, las propias familias consienten la vinculación de los menores con grupos armados como estrategia de protección o de acceso a recursos básicos, inaccesibles de otra forma.

© UNICEF/2018/GILBERTSON VII PHOTO

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© UNICEF/PTosco

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De las armas al aula

En el caso de Jean Baptiste, su reclutamiento en un grupo armado fue forzoso. Sucedió en una época en la que las milicias prosperaban en la región y los adolescentes eran utilizados como carne de cañón por grupos rivales. 

“Era una vida que odiaba,” explica Jean Baptiste. 

Debido a su condición física su jefe en la milicia le obligó a entrenar en el uso de armas de fuego y machetes. “Nos enviaba a luchar contra la milicia rival, o simplemente [nos enviaban] a descontrolarnos, a quemar aldeas, saquear y matar,” relata Jean Baptiste.

Hoy ha dejado atrás esa vida y va a clases de formación en negocios en Alindao, en Basse-Kotto, en el centro‑sur de la República Centroafricana. Alindao es una de las escuelas que forman parte de una iniciativa más amplia financiada por el Comité Español de UNICEF en zonas de alto reclutamiento, para crear espacios de aprendizaje, protección y apoyo psicosocial donde los y las adolescentes puedan aprender oficios y habilidades para la vida. 

La historia de Jean Baptiste no es única. 

Al norte del país, en Batangafo, Gbamago Gilbert también fue tomado como rehén cuando todavía era un niño. "Me dijeron que tenía edad suficiente para llevar un arma,” explica Gbamago. Escapó durante un ataque al campamento y gracias al apoyo de la ONG Espérance, aprendió a hornear pasteles y ahora tiene una panadería. "Gracias a mi pequeña panadería pude volver a estudiar, sostener a mi familia y construir un futuro mejor," relata Gbamago.

@UNICEF/José Carlos Rodríguez Soto

@UNICEF/José Carlos Rodríguez Soto

De las armas al aula

En el caso de Jean Baptiste, su reclutamiento en un grupo armado fue forzoso. Sucedió en una época en la que las milicias prosperaban en la región y los adolescentes eran utilizados como carne de cañón por grupos rivales. 

“Era una vida que odiaba,” explica Jean Baptiste. 

Debido a su condición física su jefe en la milicia le obligó a entrenar en el uso de armas de fuego y machetes. “Nos enviaba a luchar contra la milicia rival, o simplemente [nos enviaban] a descontrolarnos, a quemar aldeas, saquear y matar,” relata Jean Baptiste.

Hoy ha dejado atrás esa vida y va a clases de formación en negocios en Alindao, en Basse-Kotto, en el centro‑sur de la República Centroafricana. Alindao es una de las escuelas que forman parte de una iniciativa más amplia financiada por el Comité Español de UNICEF en zonas de alto reclutamiento, para crear espacios de aprendizaje, protección y apoyo psicosocial donde los y las adolescentes puedan aprender oficios y habilidades para la vida. 

La historia de Jean Baptiste no es única. 

Al norte del país, en Batangafo, Gbamago Gilbert también fue tomado como rehén cuando todavía era un niño. "Me dijeron que tenía edad suficiente para llevar un arma,” explica Gbamago. Escapó durante un ataque al campamento y gracias al apoyo de la ONG Espérance, aprendió a hornear pasteles y ahora tiene una panadería. "Gracias a mi pequeña panadería pude volver a estudiar, sostener a mi familia y construir un futuro mejor," relata Gbamago.

@UNICEF/José Carlos Rodríguez Soto

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Proteger desde la comunidad

Centros como el de Batangafo y Basse‑Kotto son un pilar fundamental en la reintegración socioeconómica de niños y niñas liberados de grupos armados. Los centros forman parte de un programa que apoya a niños y niñas a iniciar una vida lejos de la violencia y en un marco de derechos. El objetivo es que puedan convertirse en agentes de paz dentro de sus comunidades, en lugar de quedar relegados a un papel pasivo como víctimas. Como parte de esta iniciativa, cada niño que abandona un grupo armado recibe un plan de atención completamente personalizado elaborado junto a un trabajador social.

A través de este programa y desde el 2015, la cooperación española ha transformado la vida de miles de niños y niñas: 

  • Más de 4.200 niños y niñas han sido liberados de grupos armados y atendidos en programas de reintegración.
  • Más de 40.000 niños y niñas han contado con apoyo psicosocial a través de Espacios Amigables y actividades comunitarias.
  • Más de 500 supervivientes de violencia de género han recibido atención médica, psicosocial y/o legal.
  • Más de 60.000 personas han participado en sesiones de sensibilización sobre derechos de la infancia y prevención del reclutamiento.

“El programa cuenta además con Redes Comunitarias de Protección de la Infancia, integradas por vecinos y vecinas seleccionados por las propias comunidades. Su labor consiste en identificar situaciones en las que la infancia pueda estar en riesgo y acompañar a los menores más vulnerables. Actúan como la primera línea de protección dentro de la comunidad.”

Jean Baptiste forma parte de un grupo de 42 chicos y chicas separados de grupos armados. Se unió al centro poco después de que huyera de la milicia y ha vuelto para quedarse.

“Huí y caminé durante días hasta mi casa,” explica. “Temía que vinieran a por mí, pero echaba mucho de menos a mi familia. Esta es mi casa y he decidido no irme nunca más.” 

Ahora dirige una pequeña tienda que le proporciona ingresos e independencia económica. Los comienzos siempre son difíciles, pero con el apoyo adecuado, está rehaciendo su vida.

“Me dolió mucho ver a algunos vecinos y vecinas señalándome con el dedo. Uno de ellos incluso envenenó el cerdo que acababa de comprar con el dinero que había ganado en la tienda. Pero eso no me desanimó. Mi familia me apoya y estoy decidido a no rendirme,” explica orgulloso.

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